kogda_k_ginekologu_

Estamos viviendo una coyuntura especial. Las presiones para la legalización del aborto en Latinoamérica son cada vez más frecuentes.

En Perú se publicó un protocolo de aborto terapéutico para 11 causales, de las cuales 8 tienen tratamiento médico, por lo cual es posible salvar ambas vidas. Las dos primeras tienen también un protocolo conocido por cualquier médico. En la primera causal, el embarazo ectópico, se aplica el principio de doble efecto, es decir, que para salvar la vida de la madre se debe retirar la trompa de falopio, lamentablemente en el acto médico se pierde la vida del niño por nacer, por lo tanto es una pérdida involuntaria. Y ese es el espíritu del Artículo 119 del Código Penal, la aplicación del principio del doble efecto, ya que debe ser interpretado desde nuestra Constitución Política, para la que el concebido es sujeto de derecho en todo cuanto le favorece. La segunda describe el caso de la mola hidatiforme, que es una enfermedad gestacional benigna desarrollada durante el embarazo, resultado de una fecundación anómala que hace que sea imposible el desarrollo embrionario normal.

Pero el protocolo contiene una última causal que dice  “cualquier otra patología que la junta médica fundamente que ponga en riesgo la vida de la gestante o genere en su salud un mal grave y permanente”.

Aquí el truco es que se podría permitir que se sustente el “aborto terapéutico” para situaciones que no correspondan si tomamos la interpretación de salud para la OMS, “el completo bienestar físico, mental y social”.

Entonces, se puede argumentar que el embarazo está causando a la mujer grave daño a su salud mental y solicitar el aborto terapéutico. Estamos frente a una puerta abierta de par en par para el aborto a libre demanda, disfrazado de terapéutico.

Pero nos preguntamos algo. ¿Acaso matar a un ser humano puede ser una terapia para salvar a otro?

Anuncios